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Cuerpos que no importan

Traslados y sueños

El carruaje y la patera. El viaje como privilegio y como desesperación. Entre los que eligen partir y los que no tienen otra opción. Entre el grand tour y el riesgo de morir en el mar.

Carruajes y pateras (el medio es el mensaje)

El Grand Tour fue una costumbre extendida entre el siglo XVII y principios del siglo XIX que consistía en un viaje a través de Europa, con Italia como destino clave, emprendido por jóvenes europeos de clase alta interesados en la cultura y el arte. En un principio, los viajes se llevaban a cabo en carruajes, particularmente las berlinas. Esta idea de formación «europea» se extendió en el espacio y el tiempo, de manera que muchos artistas del siglo XIX y XX españoles y catalanes la consideraron un hito importante en su carrera, hasta el punto de que, incluso en las épocas más oscuras de la España franquista, muchos artistas viajeros preferían mostrarse como grand touristes sin reconocer su condición de inmigrantes o exiliados.

Nunca como en aquellos primeros cinco meses de 2024 habían muerto tantas personas ahogadas en el mar mientras intentaban llegar a territorio español: 33 cada día o 5.054 entre enero y mayo, entre ellas 50 criaturas. Se trata de una tragedia que evidencia el fracaso de las políticas de control de la inmigración procedente del Sur global. Políticas que, lejos de frenar el movimiento, aún provocan más mortalidad. Es destacable que la Comunidad Europea restringe cada vez más la entrada de la «indeseable» inmigración. Todas estas personas venían a vivir dignamente, a trabajar y a formarse. Sin embargo, el «búnker» europeo cada vez más xenófobo no encuentra límites en sus decisiones.

Migraciones estéticas (los viajes como máscara)

El viaje, muchas veces, también representa la posibilidad de recorrer un espacio imaginario donde precisamente no existen fronteras. En este caso, la propia literatura puede convertirse en la modalidad del viaje; en efecto, se puede «viajar leyendo». De ninguna manera, en cambio, se puede «migrar leyendo». El exilio y la migración, mediante el desplazamiento del cuerpo, generan la pérdida del lugar de origen, ya que implican un desarraigo duradero que puede significar un desgarramiento.

A lo largo de la historia del arte, la experiencia del viaje ha sido siempre un tema importante en la trayectoria formativa, profesional, como motivo de inspiración artística o como huida o exilio. A finales del siglo XIX y XX, los artistas que viajaban a París, Londres u otros lugares de Europa en muy pocos casos expresaban o hablaban en sus obras de la situación penosa en que vivían o la situación política de su país, a excepción de unos pocos que evidenciaban su compromiso político y, a la vez, muchos de ellos mantenían un tono melancólico.

En muchos casos, el viaje se transforma en una máscara glamurosa que oculta un trabajo eminentemente político, desde la acción más activista hasta la intención más comunitaria y cultural, como es el caso de Apel‌·‌les Fenosa, de quien hablaremos en otro capítulo.